¿Cuál es el rol de la internación domiciliaria en el sistema de salud argentino?

A más de siete meses de la emergencia sanitaria vinculada al COVID-19 aparecen reflexiones sobre la manera en se manejaron diferentes variables del sistema de salud.

Ante la amenaza de un virus desconocido, el temor de que el sistema de salud público y privado no pudieran responder adecuadamente a la demanda, la duda frente a tratamientos inciertos y la escasez de recursos físicos, tecnológicos y humanos se decidió disponer de todos los medios existentes y los que pudieran procurarse a través de gestiones incansables, un gran esfuerzo económico por parte del Estado y también de los efectores privados, articulando de la mejor forma posible para enfrentar un proceso de total incertidumbre. Más allá de los diferentes análisis que leemos a diario, probablemente no había manera de hacer “lo mejor”, se hizo lo posible con los acervos que se disponían.

Y en la vorágine del proceso hubo recursos que no se tuvieron en cuenta. En un principio la internación domiciliaria no participó activamente en la asistencia de pacientes covid positivo ni formó parte de la planificación asistencial que el Estado desarrolló para afrontar la crisis, pero  mantuvo la atención de decenas de miles de enfermos reforzando los cuidados para evitar contagios, monitoreando permanentemente a familiares y pacientes que merced a nuestros servicios estuvieron asistidos, pudieron sostener sus tratamientos y mantenerse controlados.

Con el correr de los meses hemos desarrollado módulos especiales para atender casos leves y moderados que completaron su recuperación en domicilio contribuyendo a la liberación de camas hospitalarias para pacientes más complejos, o a quienes ya se encontraban en programas de cuidados domiciliarios y contrajeron covid-19 a medida que avanzaba la circulación comunitaria.

Hemos enfrentado dificultades en la provisión de insumos y aumentos exorbitantes en los precios; contagios del personal que se desempeña en más de un trabajo; restricciones en la circulación de nuestros profesionales que  se desplazan con mayor asiduidad que otros trabajadores de salud por la naturaleza misma de nuestros servicios; la pérdida de personal entrenado en asistencia de alta complejidad, que fueron contratados por sanatorios y hospitales a medida que sufrían bajas en sus dotaciones. En definitiva, la internación domiciliaria también fue atravesada por la pandemia y los mismos problemas de todo el sector salud, pero debió definir sus propias estrategias y procedimientos para ir resolviendo las situaciones en la medida que se presentaban.

Comentábamos en este mismo espacio hace un par de meses, sobre la precariedad del marco regulatorio de la actividad y lo imperfecto del sistema de contratación profesional, dos situaciones que se distinguieron claramente durante esta emergencia. La imperfección del sistema de contratación de los recursos humanos, llegó al extremo de que nuestros profesionales no contaran con la cobertura de ART ni fueran incorporados a varios de los beneficios otorgados por el estado al personal de salud, aun cuando los trabajadores de asistencia domiciliaria considerados esenciales, hayan trabajado sin interrupción ya que los servicios en domicilio nunca se discontinuaron. Hubo gestiones de CADEID en este sentido que contaron con la comprensión de las autoridades, pero no llegó a implementarse una solución concreta que ponga a los trabajadores del sector en un plano de equivalencia con los de otros niveles asistenciales.  

En definitiva, una vez más se plantea la necesidad de hablar de esta actividad que lleva más de cuarenta años en el país y sigue creciendo a ritmo sostenido, como si se tratara de algo novedoso. Ya no se discute su eficacia, el nivel de bienestar que aporta al paciente y su entorno familiar, ni la conveniencia de quedarse en casa como factor de prevención. Tampoco se la cuestiona como una gran herramienta para los financiadores de salud a la hora de atender situaciones atípicas, combinando diferentes recursos a la medida de cada servicio.

Lo que se analiza es la necesidad sectorial de ser reconocidos como un nivel asistencial que articule adecuadamente con el Estado y el sector privado, integrando a la actividad en procura de la mejor recuperación de los pacientes.

Se analiza la necesidad de fortalecer su marco regulatorio para que las empresas puedan trabajar en calidad, certificar sus procesos y especializarse adecuadamente.

Se analiza la inclusión y reconocimiento de los profesionales para alentar debidamente su capacitación y fortalecimiento académico.

Se analiza en definitiva, la indispensable integración del segmento al sistema de salud.

CADEID viene trabajando estas cuestiones desde hace varios años. Fuimos incorporando empresas de todo el país y aun con las diferencias que cada provincia impone, encontramos empresarios preocupados por el destino del sector y ávidos de darle a la actividad una normalidad que todavía no tiene.

Vemos una evolución importante en las empresas y reconocemos una progresiva madurez del sector que nos impulsa como Cámara a asumir su representación, en la necesidad de plantear un debate honesto en el que participen todos los actores involucrados: quienes prestan los servicios, quienes los administran, quienes lo financian y por supuesto el Estado. 

Hemos planteado el objetivo de generar espacios para discutir sobre el papel de la asistencia domiciliaria en el sistema de salud argentino, y procurar a partir de ello el ordenamiento que la actividad requiera. Necesitamos como decía, un debate franco que aborde los alcances y limitaciones del sistema para funcionar según sus posibilidades pero en resguardo de los derechos de todas las partes. En este sentido, CADEID organiza una jornada hacia fines de noviembre que contará con la presencia autoridades de salud, legisladores y especialistas en ID para reflexionar sobre el presente y futuro de la actividad.

Y en este proceso de búsqueda y construcción de una actividad renovada aunque curtida en la asistencia y el cuidado de nuestros pacientes, destacamos el trabajo de nuestros profesionales de salud que supieron estar a la altura de esta crisis con su trabajo, empatía y humanismo.

Fuente: CADEID / Nota publicada en la edición Nº 119 de Revista Médicos / Noviembre 2020

Por Adriana Figueras. Presidente de CADEID.

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